Vidas Oscuras

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A finales del siglo XIX, la política venezolana dio un giro hacia un Estado moderno y centralizado, haciendo que los caudillos, los terratenientes y vaqueros del campo que habían gobernado el país en sus propios pequeños reinos, fueran cada vez más irrelevantes. Esta transición del poder se tradujo en revoluciones violentas, golpes militares y familias rotas.

¿Pueden el amor y la familia trascender estos choques culturales que vienen con la introducción de la modernidad? El autor explora esta cuestión a través del conflicto entre dos hermanos, cada uno incrustado en su forma de vida, y el noviazgo y amor de Chucha y Gustavo. La conclusión de la obra es clara.

Auspiciado por la Comisión Nacional del Centenario del Nacimiento de José Rafael Pocaterra, la presente edición de Vidas Oscuras reproduce el texto que el propio autor corrigió para Obras Selectas, “Clásicos modernos hispanoamericanos”, Madrid-Caracas, Ediciones Edime, 1956, XIX, 1.549p.

Cada vez que fue apropiado, agregamos notas de pie, una historia de Venezuela del siglo XIX y actualizamos la ortografía al español moderno, sin embargo, mantuvimos intacto el estilo colorido de Pocaterra, sus “venezolanismos” y sus juegos de palabras en el lenguaje regional.

Esperamos que esta nueva edición de un clásico venezolano les traiga alegría y calidez.

— No, no, chica, no es lo mismo… Siempre es como si le robaran a una algo, algo que es de una sola ¿comprendes? Yo sé que eso es natural, que de seguro el novio le coge a una todos los sentimientos… yo nunca he tenido novio… En el colegio… — Se ruborizó un poco y se calló.

— En el colegio qué, cuéntame…

— ¡Es una tontería!

— ¡Pero no, cuéntame!

— En el colegio me enamoré de un San Luis Gonzaga de bulto que estaba en el patio…

— ¡Chica!

— No; si fue una tontería… Yo me acusé con el padre Mariano, un viejito que nos confesaba.

— Y él ¿no te dijo que eso era malo, que a los santos se respeta?

Las dos se pusieron a reír.

— Bueno ¿y él que te dijo?

— Yo me acusé que me la pasaba pensando en él; que había soñado con él y que venía del cielo a buscarme, y venía con corbata blanca porque allá iba a ser el matrimonio; mi papá era padrino con la hermana Justina, y un tío que está ahora en Nueva York; bueno, él quería que nos fuéramos ya, que los coches nos estaban esperando… pero a mí me dio muchísima vergüenza salir, porque estaba descalza delante de un gentío… y San Luis se fue llorando, avergonzado, igualito a Marco Aurelio, un hermano de una amiga mía a quien yo quise mucho, como a ti, y que ya se casó y ahora ni me escribe…

— ¿Pero qué te dijo el padre Mariano?

— Que yo no había soñado con tal San Luis Gonzaga sino con el Marco Aurélio ese… que evitara soñar con esas cosas porque las que sueñan mucho con matrimonio no se casan nunca… ¡y, ya ves, tenía razón!

De pronto las dos se volvieron hacia la puerta de la antesala, a través de cuyo portier se oía una lucha jadeante… estalló un beso… y palabras entrecortadas — ¡No, por dios! ¡No, mira que nos oyen! ¡Allí mismo en la otra pieza hay gente! — Nadie respondía, pero la voz de mujer continuaba protestando, temblorosa, traviesa: — ¡No, por Dios! no seas loco, no; que nos van a encontrar… ¡Suéltame, suéltame, que me ajas todo el vestido!

Chucha tosió, Conchita dio algunos pasos; ambas azoradísimas; y hubo en la otra habitación un pequeño tropel, alguien huyó hacia el comedor. ¿Quiénes eran? Aquella habitación era el escritorio de su tío, cerrado esa tarde; adentro, seguramente, trabajaba Martínez Chirle caso de estar alguno. ¿Quiénes eran? No comunicaba sino con la antesala donde ellas estaban, con el corredor por el que huyera alguien, al ser descubierto, y con el dormitorio por una puertecita pequeña a la mano izquierda de la estantería… ¿Quiénes eran?

José Rafael Pocaterra vivió en Venezuela en la primera mitad del siglo XX y luchó contra las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Durante ese período, pasó varios años en prisión, incluso en la infame prisión de la Rotunda. En 1929 participó en el fallido intento de golpe conocido como la expedición “Falke”. Falleció en Montreal en 1956. Su obra más famosa son las memorias de sus años de activismo, así como una serie de cuentos de realismo social sobre la vida en Venezuela.