Hay un rumor de numerosas detenciones en los cuarteles: un comandante, capitanes, varios suboficiales. El Gobernador, don Guancho, está también en Caracas. El secretario de la Gobernación —es informe de los amigos de Miraflores donde aloja aquél— le presentó una larga lista de “complicados”, y diz que el Gobernador la ha rasgado de arriba a abajo. Naturalmente, el secretario no sabe por dónde van tablas pero quiere aprovechar la circunstancia para vengarse de unos cuantos. Vicentico, hasta ese instante caído en el ánimo de su padre por las fechorías que cometiera como Inspector del Ejército, cuyo cargo desempeñaba un tal Pedro Alcántara Leal, hechura suya, comprende que es el gran momento de hacerse rehabilitar a fuerza de “energía” y de probarle a su padre que es un hombre “de carácter”. Aparte de la verdadera conspiración, de la cual no sabía nada ni hasta la fecha ha logrado saber, determinaba la actitud del joven Gómez otro elemento primordial que iría a tener en el futuro terrible trayectoria. El nepotismo de Juan Vicente comenzó entronizando a cuñados y primos en los Estados, en los comandos. Luego preparó a su hermano Juan Crisóstomo con algunos años de “roce político” en la presidencia del Estado Miranda para encargarlo vitaliciamente en Gobernación. Este vigilaba de cerca en el terreno civil y policíaco a Márquez Bustillos, secundándolo en esta labor Lorenzo Carvallo, antiguo polizonte, ducho en argucias y controlado a su vez por el jefe de la policía, Pedro García, andino tachirense, de muy baja extracción, como que en sus primeros años, cuando vino al centro, regentaba una casa alegre en los extramuros de la capital. Allí aprendió a despreciar y a aborrecer a la ciudad, escuchando en las frecuentes borracheras de “El Puente de Hierro” lo que los imprudentes decían de política y comunicándolo al hombre pávido, al Gómez acechante a pocos metros en su guarida de “El Paraíso”... Se había singularizado y conservado en el cargo por la manera implacable, insolente y grosera con que trataba a “los caraqueños”. ¿Qué justificaba este extraño odio? Dejo la respuesta a quienes se ocupen mejor de estos hombres-máquinas dispuestos y armados para aplicar toda clase de órdenes y disponer todo género de atropellos. Carvallo es más diestro, Pedro García más sincero. El uno es detectivesco, solapado, taimado, inteligente en la trampa y experto en el lazo; el otro procede con una obediencia ciega de turco boshandí, de tártaro. No lleva a la víctima el cordón dorado del sultán, la estrangula con sus propias manos... Su incondicionalidad es su fuerza. Estos dos hombres, servidos por esbirros inferiores, han tenido sometida al terror una sociedad entera que principió despreciándolos y ha terminado adulándolos. Sin embargo, en Carvallo hay ciertos rasgos de bondad que se le escapan y de los cuales reniega y se avergüenza, llevando entonces la ferocidad de las disposiciones al límite máximo. Tales alternativas, auxiliadas por el pavor general y por la cobardía ambiente, le han creado una cuasi reputación de ser “lo mejorcito” de la clica. He conocido a este hombre en un círculo social al que ambos concurríamos y en donde se habla con relativa libertad delante de él mismo. Me hace la impresión de que a momentos quisiera redimirse de su triste condición, ya anciano, y sirviendo todavía de instrumento apto para que se veje y se maltrate a los suyos... Más que odio, merece compasión. En un régimen organizado y dentro de la ley aquel hombre hubiese sido un jefe de seguridad notable. Gómez le ha hecho un verdugo. Los tiranos tienen este nefasto poder de envilecer instrumentos que Dios preparó quizás para fines de justicia y de bien.
José Rafael Pocaterra vivió en Venezuela en la primera mitad del siglo XX y luchó contra las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Durante ese período, pasó varios años en prisión, incluso en la infame prisión de la Rotunda. En 1929 participó en el fallido intento de golpe, la denominada expedición “Falke”. Falleció en Montreal en 1956. Su obra más famosa son las
memorias de sus años de activismo, así como una serie de
cuentos en estilo de realismo social sobre la vida en Venezuela.