Diario de mi prisión en San Carlos
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Cuando en 1901 el general Antonio Paredes es encarcelado en la fortaleza de San Carlos, articulada en lo alto de las rocas sobre Puerto Cabello en Venezuela, el nuevo régimen y el dictador están nerviosos. Años antes el mismo Paredes había sido jefe de esta misma prisión, y se había aliado con varios caudillos y levantamientos. Sin embargo, no era su destreza militar o sus conexiones lo que temían, sino más bien su actitud y su implacable empuje hacia adelante, a la manera de esta antigua clase de militares en extinción que encontró sus orígenes en la época colonial. Hombres como él eran un peligro para la nueva clase política. Como era de esperar, Antonio Paredes fue ejecutado en las fronteras del Orinoco después de un levantamiento fallido algunos años después. Los hombres como él no tenían cabida en la era moderna de la política.
Su muerte marca el final de la era caótica de levantamientos y caudillos de Venezuela. Señala también el fin de los centauros, de esa clase de militares que dominaron Venezuela incluso antes que los caudillos que finalmente tomaron el poder. El diario íntimo de la prisión de Paredes nos presenta a esta clase de caballeros y cómo el régimen los trató. Su inteligencia, matizada y discreta honradez y humor son ejemplares para nosotros.
La presente edición de Diario de mi prisión en San Carlos es fiel al texto de 1901. En el siguiente trabajo las erratas fueron corregidas, así como algunos errores de diseño; y aspectos de ortografía han sido actualizados. Los editores de esta edición agregan anotaciones para facilitar la lectura al lector contemporáneo.
XIII
Concesión a Benedettí. — Primera salida. — El “Club Marat”.Sábado 21 a las 12 del mediodía.
Todo sigue su curso ordinario en “La Cueva encantada”. Sólo ha habido alteración en qué Benedetti, que se había empeorado mucho, obtuvo desde ayer que le permitieran pasar el día en el patio. Así, a la vez que él respira mejor aire, el del calabozo está menos cargado de impurezas...
Pero todo no han sido flores para él porque ayer mismo cogió “un ojo de sol”, como él dice, y tiene la parte superior del cuerpo encarnada a tal punto que al verlo se creería que le han puesto un sinapismo de proporciones desusadas. Anoche no podía dormir con el ardor. Indudablemente vá a mudar la piel...
Lo más curioso del caso es que a pesar de que materialmente estaba asándose a la hora en que no queda sombra en el patio, porque los rayos solares caen perpendicularmente sobre éste, no se atrevió, sin embargo, a pedir asilo en el “Club Marat” o sea en el calabozo vecino, cuya puerta está abierta hace días según he dicho antes, ni ninguno de los miembros del “Club” le ofreció tampoco hospitalidad… Anoche Tarquís y Ulloa se burlaban de él diciéndole que esa no parece cosa de un Coronel tan emprendedor, y aunque al principio se rió y lo tomó a juego, como los otros continuarán en sus sátiras, al fin terminó por disgustarse…
Ya he dicho que entre los habitantes actuales del calabozo vecino están unos Doctores Finol, de Maracaibo, quienes aunque son hombres finos y apreciables por muchos conceptos, en política son intransigentes y exagerados. No obstante eso, ni ellos ni Meaño Rojas, que es el tercero de los miembros del “Club” llevan sus exageraciones hasta pretender o desear que se corte ninguna cabeza y mucho menos trescientas mil, como propuso en la Gran Convención francesa el célebre redactor de “El Amigo del Pueblo”; pero Suiny ha bautizado el calabozo con el nombre de “Club Marat”, y así lo llamamos, con tanta razón como llamamos “La Cueva de los Leones” al calabozo n° 16, sin que haya allí nada que se parezca a un león…
En este momento en que el sol baña todo el patio, no veo a Benedetti por ningún lado: probablemente al fin habrá resuelto entrar en el “Club”: serán de oírse las crónicas que traerá esta noche…





