Cuentos Americanos: Dramas mínimos

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En esta antología de cuentos, Rufino Blanco Fombona ofrece un retrato vívido y matizado de la sociedad latinoamericana, que cobra vida mediante personajes de profunda complejidad psicológica. Lejos de los arquetipos de héroes o villanos, sus protagonistas exhiben una humanidad genuina, revelando virtudes y defectos a través de sus decisiones y vínculos.

Bajo la superficie de la vida cotidiana laten ambiciones, deseos y tensiones capaces de transformar a personas comunes en figuras de comedia, tragedia o ironía. El temperamento, las expectativas sociales y las circunstancias moldean los destinos individuales con una inevitabilidad muchas veces silenciosa. Dramas mínimos, obra tan realista como inquietante, desvela lo extraordinario que reside en lo cotidiano.

Rufino Blanco Fombona

Rufino Blanco Fombona

escritor, editor y político

Rufino Blanco Fombona nació en Caracas en junio de 1874. Se convirtió en un importante escritor, editor y político venezolano: fue nominado seis veces al Premio Nobel de Literatura, entre sus obras destacan panfletos políticos, ficción, poesía, obras de teatro y libros sobre la historia de Venezuela y tres autobiografías. Su actitud crítica frente a los gobiernos de Castro y Gómez lo obligó a vivir en el exilio. En 1944 muere de un infarto y es enterrado en el Panteón Nacional de Venezuela.

writer, editor and politician

Rufino Blanco Fombona was born in Caracas in June 1874. He became an important Venezuelan writer, editor and politician: he was nominated six times for the Nobel Prize in Literature, among his works stand out political pamphlets, fiction, poetry, plays, books on the history of Venezuela and three autobiographies. His critical attitude towards the governments of Castro and Gómez forced him to live in exile. In 1944 he died of a heart attack and is buried in the National Pantheon of Venezuela.

Esta edición se basa en el volumen publicado en París en 1913 por la Casa Editorial Garnier Hermanos. Cuando resultó oportuno y necesario, actualizamos la ortografía y añadimos notas a pie de página. Esta edición no incluye los dos relatos de la publicación original escritos en francés.

Se habían quedado mudos un momento. Ana Luisa, dándose cuenta y advirtiendo a su esposo distraído, soñador, los ojos en el infinito, lo sacudió:

—Pero ¿qué tienes, Antonio? Estás lelo, ausente. ¿En qué piensas? Mira: lo mejor será que nos acostemos. Son las dos de la mañana.

Él cerró la ventana y pasó a la pieza contigua. Ella empezó a desvestirse. Como él no regresaba lo llamó:

—Antonio, anda pronto.

Se quedó dormida...

Un estruendo la dispertó. Abrió los ojos y la luz de la aurora, filtrándose por las rendijas, le hizo comprender que el sol salía. Antonio no estaba acostado junto a ella. ¿Dónde estaba?

Una de las puertas interiores se abrió de súbito empujada con violencia y Misia Tadea, desgreñada y a medio pergeñar entró diciendo:

—¿No has oído Ana Luisa? Una detonación.

—¿Una detonación?

—Sí, un tiro de revólver. ¿Dónde está Antonio?

Las dos mujeres se abalanzaron a la pieza contigua.

Antonio yacía por tierra: una materia blancuzca, manchada de sangre, salía por un agujero de la cabeza.

Ana Luisa se precipitó sobre aquel cuerpo, deshecha en llanto.

—El médico, el cura, la botica, gritaba como alocada.

La servidumbre invadió las habitaciones, confusa y llorosa. Ana Luisa, en camisa de dormir, y abrazándose con el cadáver, prorrumpía en incoherencias.

Rosa lloraba, Justo lloraba, la servidumbre lloraba; todos lloraban sin explicarse la tragedia.

ás tarde, ya vestido el cuerpo de Antonio, uno de los alemanes que acudió a las volandas, preguntó a Misia Tadea:

—Pero ¿porqué se mata Antonio? ¿Ha dejado algo escrito?

—No, repuso Misia Tadea, sentenciosa y clarovidente: no deja nada escrito. Hay cosas que un hombre no confiesa. Hay cosas a que un hombre no se resigna. Prefiere darse un balazo.