El Oráculo del Programador
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El Oráculo del Programador es un libro práctico para encontrar soluciones a problemas de codificación y diseño técnico. Presenta una nueva imagen del programador como un artesano y ofrece caminos de pensamiento que un programador puede explorar cuando se encuentra con un problema aparentemente insuperable.
El libro fue escrito hace unos 20 años para ayudar a los programadores jóvenes con el bloqueo del escritor; tiempo en el que nuestros compañeros eran más o menos autodidactas y muy jóvenes. Aún cuando la educación en programación ha evolucionado desde entonces, y hay muchas más herramientas disponibles para ayudar a los programadores y al personal de soporte, la comunidad todavía sufre muchos de los mismos problemas de los primeros días. La codificación ya no es una habilidad exclusiva de los programadores, sino una competencia adquirida por diseñadores, científicos, estudiantes de secundaria y sus profesores. Muchos técnicos de todo tipo tuvieron que aprender a codificar para poder trabajar con máquinas cada vez más evolucionadas y con pensamiento propio.
Este libro tiene como objetivo ofrecer una mano amiga a nuestra comunidad en crecimiento y proporcionar inspiración, razón y calidez cuando faltan.
SOBRE EL ORÁCULO
Establecido este marco de referencia inicial, nos ocuparemos ahora del oráculo. En este sentido, este folleto, en su esencia, no tiene nada de original. La idea básica surge del uso de las barajas de Brian Eno, uno de los músicos más fascinantes de las últimas décadas, quien creó un juego de barajas para usar en casos de ‘bloqueo’, esos momentos en los que la inspiración no acude a nosotros. Las barajas de Eno tienen instrucciones para ayudar al músico en su trabajo; ‘Siempre los primeros pasos’, ‘Corta una conexión vital’, ‘Has algo aburrido’, ‘Honra tus errores como si fuera intenciones ocultas’ y muchas mas del mismos tenor, traducidas libremente; con las debidas disculpas al autor, quien usó un lenguaje conciso y poético admirable.
Por otra parte (y consiente que soy un ateo ajeno a toda superstición), el uso de los oráculos para la toma de decisiones es tan antiguo como la civilización. El caso del I Ching, reputado como uno de los libros más antiguos de la humanidad, es el más conocido. El Tarot, la lectura del vuelo de las aves, la interpretación de las formas de las nubes o de las
vísceras de un animal sacrificado, son también expresiones de esta actividad de ‘dar sentido’ que nos caracteriza como humanos.
Estas referencias al I Ching y a Brian Eno no son tan ajenas a las computadoras y a la programación como pudiera parecer a primera vista. Por una parte, el matemático alemán Leibnitz, tuvo conocimiento del antiguo oráculo chino gracias a su relación con los exploradores jesuitas que, desde el siglo XVI, constituyeron la avanzada ‘ideológica’ de la expansión de los imperios europeos en Asia. Se dice que Leibnitz inventó (o descubrió) el sistema de numeración binaria contemplando los hexagramas o dibujos de seis líneas que constituyen el I Ching. Sucede que Leibnitz es uno de los padres de dos elementos fundamentales para la moderna ciencia de la computación: el invento de una de las primeras calculadoras mecánicas, y los inicios de lo que más tarde se denominaría lógica simbólica (aparte de los ya nombrados números binarios).
En mi libro Fragmentos Sublunares dedico un pequeño ensayo a la relación de Leibnitz con estos temas.
Brian Eno, además de músico, productor de discos y creador de arte digital, es un artista muy relacionado con la vanguardia tecnológica norteamericana; y sus pensamientos han influido notablemente en algunos de los creadores de las nuevas tecnologías, sobre todo aquellas relacionadas con Internet. Fue un pionero en el uso de las computadoras personales para crear música y arte visual y su presencia en la Web es bastante amplia como para encontrarse con él en muchas búsquedas de naturaleza diferente, dado lo amplio de sus intereses e influencia.
Por emulación, tal vez por pereza, he copiado parcialmente el esquema del I Ching, de tal manera que cada tema tiene su ‘dictamen’, su ‘explicación’ (que equivaldría a las imagines) y sus comentarios como aquellos que se dice escribió Confucio como apéndice de cada hexagrama. En este caso, los comentarios, por razones obvias, y, como diría Borges, “por no cometer un anacronismo que tarde o temprano será descubierto”, los comentarios no son de Confucio, sino de diversos personajes: músicos, arquitectos, filósofos, matemáticos. Pude haber usado autores clásicos de nuestro arte como Wirth, Ritchie, o Knuth (usé algunos de ellos). Pero preferí poetas, músicos, místicos, filósofos, por dos razones: los libros de los autores citados, autores citados, obras maestras y muchas veces hitos en la historia de la computación, creo que son difíciles para la mayoría de los programadores de hoy. Por otra parte, citar textos de otros tipos de artesanos pretende reforzar la idea subyacente detrás de todos estos aforismos, que nuestro arte es un arte más, que tiene las mismas ventajas y desventajas, problemas y alegrías de otras artes.
En última instancia, se trata de lo que el hombre hace, de su práctica en el mundo, de ese producir-reproducir el mundo del que hablaban Hegel y sus discípulos. Programar una computadora es, en una medida minúscula, modificar el mundo; Si la consulta eventual de este oráculo sirve para ‘desbloquear’ algún programador en esos aciagos momentos en que debe entregar un programa o una rutina en diez minutos y no tiene la menor idea por donde empezar, me sentiré satisfecho. Seguramente no me enteraré si eso llega a suceder, pero no se trata sino de un ‘bug’ del oráculo, que, por razones de coherencia, no pienso eliminar.





