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Política Feminista o, el doctor Bébé

6,99

Con su habitual estilo ligero y humorístico, mientras aborda los temas más pesados, Pocaterra utiliza este ‘novelín’ para describir la relación entre hombres y mujeres a principios del siglo XX, en la ciudad provincial de Valencia, Venezuela. De esta manera, da dirección a los movimientos feministas en su país de nacimiento y más allá. Sus personajes exploran las diversas formas en que podemos vivir juntos, las citas, el matrimonio, las relaciones casuales y los problemas que surgen de las diferencias de clase y educación en una pareja.

Los libros de Pocaterra sobreviven al tiempo. ¿Ha cambiado algo desde entonces en la forma en que nos dirigimos a nuestro amado y le hacemos saber que estamos interesados en algo más? ¿Los institutos de gobierno, el estado y nuestra cultura nos permiten explorar las libertades que adquirimos más que entonces, o todavía estamos atrapados en los mismos problemas de pareja que han plagado las relaciones durante siglos? Vale la pena averiguarlo.

Disponible ya en formato ebook. Más información y extracto del libro.

libro de bolsillo en venta en:

Misia Justina, viuda auténtica, hacía trece años que se dormía durante las visitas, bajo el mismo cuadro de “Los diferentes estados de la edad del hombre”, en su mecedor de Viena. Bella, la mayor, que a los treinta y siete era muy recatada, mientras sus hermanitas cuchicheaban con los novios en las ventanas, continuaba impertérrita un tejido de soles de Maracaibo que nunca terminaba, como una alegoría del Pudor velando por la Familia. Muy poco amiga del matrimonio, a su decir, una señorita digna no debe casarse por casarse, sino escoger muy bien el hombre que pueda hacerla feliz, y entre contraer un mal enlace y quedarse, prefería esto último. — ¡Y no es por falta…! — añadía con tono enigmático misia Justina.

Verdaderamente, se hablaba en familia de lo prendados que habían estado de Bella un inglés de la luz eléctrica, el sobrino de don Manuel Salvarsán, Luis María, y el padre Benítez antes de ordenarse. Pero ella los había despreciado. Había que oiría: — |Dios mío! Quién se casa con un extranjero: un hombre que no profesa nuestra religión; salen muy buenos maridos, es verdad; pero, como dice el señor vicario —agregaba ruborizándose—, un padre debe enseñar a rezar a sus hijos; y Luis María ¡el pobre! no sabe cuándo casarse, el negocio no le da, y tiene sus cosas… —

Del padre Benítez, por respeto religioso, nunca decía nada. Se contentaba con suspirar recordando otras épocas en que, acompañándose a la guitarra, él rompía con su hermosa voz de barítono:

Que el bailar y no arrimarse
es comer el pan a secas.
A la jota jota,
las niñas que quieren,
cuando van bailando
de gusto se mueren…

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(libro de bolsillo)